Frases célebres de Marcel Proust

05/03/2018

A cierta edad, un poco por amor propio, otro poco por picardía, las cosas que más deseamos son las que fingimos no desear.

A veces estamos demasiado dispuestos a creer que el presente es el único estado posible de las cosas.
Allí donde la vida levanta muros, la inteligencia abre una salida.
Cabe preguntarse si en ciertas clases populares no existe más duplicidad que en la alta sociedad, que sin duda se reserva para nuestra ausencia las frases descorteses, pero cuya actitud hacia nosotros no seria insultante si estuviéramos apenados.
Cada clase social tiene su patología.
Cada lector se encuentra a sí mismo. El trabajo del escritor es simplemente una clase de instrumento óptico que permite al lector discenir sobre algo propio que, sin el libro, quizá nunca hubiese advertido.
Cierta aristocracia, educada desde la infancia para considerar su nombre como una ventaja interior que nada puede quitarle, sabe que puede evitarse -pues nada le añadirian- los esfuerzos que sin resultado posterior apreciable hacen tantos burgueses por profesar sólo opiniones bien consideradas y frecuentar sólo a personas bienpensantes.
Ciertas creencias que no percibimos no por ello son asimilables a un puro vacío, como no lo es el aire que nos envuelve, componen a nuestro alrededor una atmósfera variable, a veces excelente, a menudo irrespirable, y merecerían ser anotadas con tanto cuidado como la temperatura, la presión barométrica o la estación, pues nuestros días tienen su originalidad física y moral.
Ciertos recuerdos son como amigos comunes, saben hacer reconciliaciones.
Como todo el que no está enamorado, él piensa que se puede elegir a la persona amada en base a interminables deliberaciones sobre sus ventajas e inconvenientes.
Con la conservación de energía que posee todo lo físico, el sufrimiento ni siquiera necesita las lecciones de la memoria: así, un hombre que ha olvidado las hermosas noches que pasó al claro de luna en el bosque, todavía sufre del reumatismo que cogió en él.
El afortunado hallazgo de un solo libro puede haber cambiado el destino de un hombre.
El amor es el espacio y el tiempo hechos sensibles para el corazón
El amor es el espacio y el tiempo medido por el corazón.
El amor es una enfermedad inevitable, dolorosa y fortuita.
El deseo nos fuerza a amar lo que nos hará sufrir.
El hombre, que juega perpetuamente entre los dos planos de la experiencia y la imaginación, querría profundizar en la vida ideal de la gente que conoce y conocer a las personas cuya vida ha tenido que imaginar.
El instinto dicta el deber y la inteligencia da pretextos para eludirlo.
El pueblo se inquieta al ver llorar, como si un sollozo fuera más grave que una hemorragia.
El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos caminos sino en tener nuevos ojos.
En el sacerdote, como en el alienista, siempre hay algo de juez de instrucción.
Hay que trabajar menos.
La ambición embriaga más que la gloria.
La felicidad es saludable para los cuerpos, pero es la pena lo que desarrolla las fuerzas del espíritu
La gente desea aprender a nadar y al mismo tiempo mantener un pie en tierra.
La vejez es una condena sin derecho a recurso.
Lo mismo que el porvenir, el pasado no se saborea todo de una vez, sino grano a grano
Los días son quizá iguales para un reloj, pero no para un hombre
Los grandes señores son casi las únicas personas de las que se puede aprender tanto como de los campesinos, su conversación está adornada con todo lo que se refiere a la tierra, las mansiones tal como se habitaban antaño, los usos antiguos, todo lo que el mundo del dinero ignora profundamente.
No hay paraíso hasta que se ha perdido.
No hay vicios que no encuentren entre la alta sociedad apoyos complacientes, y se ha visto trastornar la distribución de un castillo para hacer que una hermana durmiera cerca de su hermana cuando se ha sabido que no la amaba sólo como hermana.
Nuestro corazón tiene la edad de aquellos que ama.
Para el beso, la nariz y los ojos están tan mal colocados como mal hechos los labios.
Para figurarse una situación desconocida, la imaginación toma prestados elementos conocidos y a causa de ello no se la figura. Pero la sensibilidad, aún la más fisica, recibe, como un reguero de pólvora, la firma original y por mucho tiempo indeleble del nuevo acontecimiento.
Por muy bien hechos que estén los puntos de sutura, se vive con dificultad cuando nuestras vísceras han sido substituidas por la añoranza de una persona, parece que ésta ocupara más lugar que aquéllas, la sentimos continuamente, y además ¡qué ambigüedad verse obligado a pensar una parte del propio cuerpo!.
Se ha llegado a decir que la más alta alabanza de Dios está en la negación del ateo, que encuentra la Creación lo bastante perfecta como para poder prescindir de un Creador.
Siempre hablamos de defectos análogos a los que tenemos, como si fuera una manera desviada de hablar de nosotros, que une al placer de absolvemos el de confesar.
Sólo se ama lo que no se posee totalmente.
Tal como un hombre inteligente no teme parecerle tonto a otro hombre inteligente, el hombre elegante no tendrá miedo de que su elegancia pase inadvertida al gran señor, sino al patán. Las tres cuartas partes de los alardes de ingenio y mentiras vanidosas que los hombres han prodigado, rebajándose, desde que el mundo es mundo, iban dirigidas a inferiores.
Tal vez la inmovilidad de las cosas a nuestro alrededor les viene impuesta por nuestra certeza de que son ellas y no otras, por la inmovilidad de nuestro pensamiento frente a ellas.
Tan pronto como uno es infeliz se hace moral
Trabajamos siempre para dar forma a nuestra vida, pero copiando sin querer, como un dibujo, los rasgos de la persona que somos y no los de aquélla que nos agradaría ser.
Un artista no tiene necesidad de expresar directamente su pensamiento en la obra para que ésta refleje la calidad de aquél.
Un hombre honesto debe obtener la estima pública sin haberlo previsto, y por así decirlo, a pesar suyo. Quien se dedica a buscarla revela su estatura.
Una obra de arte que encierre teorías es como un objeto sobre el que se ha dejado la etiqueta del precio.
Vale más soñar la propia vida que vivirla, aunque vivirla es también soñarla.
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