Frases célebres de Marco Tulio Cicerón

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Frases célebres de Marco Tulio Cicerón

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A pesar de que ya soy mayor, sigo aprendiendo de mis discípulos.
Cuando los tambores hablan, las leyes callan.
Cuando mejor es uno, tanto más difícilmente llega a sospechar de la maldad de los otros.
Cuanto más altos estamos, más debemos bajarnos hacia nuestros inferiores.
De hombres es equivocarse, de locos persistir en el error.
Difícil es decir cuánto concilia los ánimos humanos la cortesía y la afabilidad al hablar.
Donde quiera que se esté bien, allí está la patria.
El amor es el deseo de obtener la amistad de una persona que nos atrae por su belleza.
El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretende hacerse superior a las leyes.
El egoísta se ama a sí mismo sin rivales.
El que seduce a un juez con el prestigio de su elocuencia, es más culpable que el que le corrompe con dinero.
El que sufre tiene memoria.
El recuerdo del mal pasado es alegre.
Es bueno acostumbrarse a la fatiga y a la carrera, pero no hay que forzar la marcha.
Es preferible ser viejo menos tiempo que serlo antes de la vejez.
Es una necedad arrancarse los cabellos en los momentos de aflicción, como si ésta pudiera ser aliviada por la calvicie.
Este es el primer precepto de la amistad: Pedir a los amigos sólo lo honesto, y sólo lo honesto hacer por ellos.
Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros.
Gran descanso es estar libre de culpa.
Hay que atender no sólo a lo que cada cual dice, sino a lo que siente y al motivo porque lo siente.
La ley suprema es el bien del pueblo.
La libertad sólo reside en los estados en los que el pueblo tiene el poder supremo.
La naturaleza ha puesto en nuestras mentes un insaciable deseo de ver la verdad.
La naturaleza misma ha impreso en la mente de todos la idea de un Dios.
La naturaleza quiere que la amistad sea auxiliadora de virtudes, mas no compañera de vicios.
La necedad es la madre de todos los males.
La primera ley de la amistad es pedir a los amigos cosas honradas, y sólo cosas honradas hacer por ellos.
La sola idea de que una cosa cruel pueda ser útil es ya de por sí inmoral.
La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos.
Las enemistades ocultas y silenciosas, son peores que las abiertas y declaradas.
Las leyes guardan silencio cuando suenan las armas.
Las leyes se han hecho para el bien de los ciudadanos.
Las vanas pretensiones caen al suelo como las flores. Lo falso no dura mucho.
Los deseos deben obedecer a la razón.
Los deseos del joven muestran las futuras virtudes del hombre.
Los hombres sabios nos han enseñado que no sólo hay que elegir entre los males el menor, sino también sacar de ellos todo el bien que puedan contener.
Los hombres son como los vinos: la edad agria los malos y mejora los buenos.
Mi conciencia tiene para mí más peso que la opinión de todo el mundo.
Mis libros siempre están a mi disposición, nunca están ocupados.
Nada hay más injusto que buscar premio en la justicia.
No hay nada hecho por la mano del hombre que tarde o temprano el tiempo no destruya.
No hay nada tan increíble que la oratoria no pueda volverlo aceptable.
No logran entender los hombres cuán gran renta constituye la economía.
No se puede decir nada tan absurdo como para que no haya sido dicho por algún filósofo.
No sé, si, con excepción de la sabiduría, los dioses inmortales han otorgado al hombre algo mejor que la amistad.
No solamente es ciega la fortuna, sino que de ordinario vuelve también ciegos a aquellos a quienes acaricia.
Para ser libres hay que ser esclavos de la ley.
Pensar es como vivir dos veces.
Por conservar la libertad, la muerte, que es el último de los males, no debe temerse.
Preferiría la paz más injusta a la más justa de las guerras.
Quien contempla a un verdadero amigo, es como si contemplara a otro ejemplar de sí mismo.
Recuerdo lo que no quisiera, y no puedo olvidar lo que quisiera.
Si cerca de la biblioteca tenéis un jardín ya no os faltará de nada.
Si hacemos el bien por interés, seremos astutos, pero nunca buenos.
Si las leyes fueran constituidas por los hombres, o por las sentencias de los jueces, serían derechos matar, robar, adulterar, etcétera.
Si queremos gozar la paz, debemos velar bien las armas, si deponemos las armas no tendremos jamás paz.
Si quieres aprender, enseña.
Si quieres ser viejo mucho tiempo, hazte viejo pronto.
Somos esclavos de las leyes para poder ser libres.
Son siempre más sinceras las cosas que decimos cuando el ánimo se siente airado que cuando está tranquilo.
Todas las acciones cumplidas sin ostentación y sin testigos me parecen más loables.
Todas las cosas fingidas caen como flores marchitas, porque ninguna simulación puede durar largo tiempo.
Un hogar sin libros es como un cuerpo sin alma.
Una cosa es saber y otra saber enseñar.
¡Oh, dulce nombre de la libertad!
¿Qué cosa más grande que tener a alguien con quien te atrevas a hablar como contigo mismo?
En cuanto a la adversidad, difícilmente la soportarías si no tuvieras un amigo que sufriese por ti más que tu mismo.
La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.
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