Frases de la vida - Frases célebres de Federico Nietzsche

Frases botinas de amor, amistad, vida, inspiradoras, motivadoras

Frases célebres de Federico Nietzsche

05/03/2018

No me caigo bien a mí mismo, dijo alguien para explicar su propensión a la sociedad. El estómago de la sociedad es más sólido que el mío, me aguanta.
Sé al menos mi enemigo: así habla el verdadero respeto que no se atreve a implorar amistad.
(...) el filósofo tiene hoy el deber de desconfiar, de mirar maliciosamente de reojo desde todos los abismos de la sospecha.
(...) las intenciones morales (o inmorales) han constituido en toda filosofia el auténtico germen vital del que ha brotado siempre la planta entera.
A pesar de que es malo, peor es silenciarlo, pues todas las verdades silenciadas acaban por destilar veneno.
Abundan en la tierra los superfluos.
Alguien dijo: hay dos personas sobre las cuales nunca he reflexionado a fondo: es el testimonio de mi amor por ellas.
Amo a aquel cuya alma es profunda aún en la herida.
Amo a los que no saben vivir sino encaminados al hundimiento, pues son los únicos que cruzan el abismo.
Amo al que hace de su virtud su afán y fatal destino, pues por su virtud quiere seguir con vida y no quiere vivir más.
La edad de casarse llega mucho antes que la de quererse.
La envidia silenciosa crece en el silencio.
La esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre.
La esperanza es un estimulante vital muy superior a la suerte.
La espiritualización de la sensualidad se llama amor.
La exigencia de ser amado es la máxima arrogancia.
La guerra vuelve estúpido al vencedor y rencoroso al vencido.
La igualdad hace disminuir la felicidad del individuo, pero abre la vía para la ausencia de dolor de todos. Al final de la meta estaría ciertamente la ausencia de dolor, pero también la ausencia de felicidad.
La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con la que jugaba cuando era niño.
La mentira más común es aquella con la que un hombre se engaña a sí mismo. Engañar a los demás es un defecto relativamente vano.
Amo al que no retiene para si una gota de espíritu.
Ansiaban escaparse de su miseria, pero las estrellas quedaban demasiado lejos.
Apenas si me vino ella más que como un abrir y cerrar de ojos divinos, como instante.
Aquel que luche con monstruos deberia cuidarse de no convertirse en uno durante el proceso
Aspiras a las libres alturas, tu alma anhela alcanzar el mundo de las estrellas. Más también tus malos instintos ansían la libertad.
Ay, también a vosotros, almas grandes, os susurra él al oído sus siniestras mentiras.
Casi todo político tiene tanta necesidad, en determinadas circunstancias, de un hombre honesto, que, cual si fuera un lobo hambriento, irrumpe en el redil, mas no para devorar el cordero robado, sino para ocultarse tras su lanoso lomo.
Cien profundas soledades forman juntas la ciudad de Venecia -ésa es su magia. Una imagen para los hombres del futuro.
Como origen del bien en el mal, como origen de los fines en el azar.
Cómo podrías renacer sin antes haber quedado reducido a ceniza.
Con múltiple espejo captaba yo aun su mirada cuando su boca estaba cerrada, para que me hablaran sus ojos. Y sus ojos me hablaban, en efecto.
Creo que los animales ven en el hombre un ser igual a ellos que ha perdido de forma extraordinariamente peligrosa el sano intelecto animal, es decir, que ven en él al animal irracional, al animal que ríe, al animal que llora, al animal infeliz.
Cuando me encuentro con una criatura, encuentro la voluntad del poder.
Cuando mejor mentimos es cuando la mentira concuerda con nuestro carácter.
Cuando se tienen muchas cosas que meter en él, el día tiene cien bolsillos.
Cuando trates con una mujer no olvides el látigo.
Cuando una vida larga y una actividad prolongada, además de discursos y escritos, dan testimonio público de un personaje, el trato con él suele decepcionar, por dos razones: de un lado, porque se aguardan demasiadas cosas de un breve período de trato con él -a saber, todas las que sólo las mil ocasiones de la vida han ido haciendo visibles-, y, de otro, porque ningún personaje reconocido sigue esforzándose en cortejar a un particular para conquistar su reconocimiento. El está demasiado relajado - y nosotros, demasiado tensos.
Cuanto más se eleva un hombre, más pequeño les parece a los que no saben volar.
De la generosidad de las almas generosas debe formar parte la gracia.
Demasiado tiempo me debatí en la añoranza, con la mirada clavada en la lejanía, demasiado tiempo permanecí en la soledad, así que ya no se callar.
Desde que me cansé de buscar he aprendido a hallar.
Dios ha muerto. Parece que lo mataron los hombres.
Dos cosas quiere el hombre de verdad: el peligro y el juego. Por eso quiere la mujer, que es el juguete más peligroso.
Dotado de facciones más divinas resurge, y seduce precisamente por su sufrimiento, y os agradecerá por haberlo derribado.
Ebrio placer es, para quien sufre, apartar la vista de su sufrimiento y perderse a sí mismo.
El amor desea, el temor evita. A eso se debe la imposibilidad de que alguien sea amado y respetado a la vez por la misma persona, al menos en el mismo espacio de tiempo. Pues quien respeta reconoce el poder, es decir, lo teme: su estado es el temor respetuoso. Pero el amor no reconoce ningún poder, nada que separe, diferencie, anteponga o subordine. Como el amor no respeta, las personas ávidas de respeto son secreta o públicamente reacias a ser amadas.
El amor prolongado es posible -aun siendo un amor feliz- porque no es fácil poseer a un ser humano hasta el final, conquistarlo hasta el final -siempre se abren fondos nuevos, cuartos traseros del alma nuevos, aún no descubiertos, y también hacia ellos alarga sus manos la infinita ansia posesiva del amor-. Pero el amor finaliza tan pronto como sentimos un ser como limitado.
El amor y el odio no son ciegos, sino que están cegados por el fuego que llevan dentro.
El casarse es terminar una serie de pequeñas tonterías con una gran estupidez
El deleite de las pequeñas malicias nos ahorra más de una gran maldad.
El diablo mira con envidia a quien sufre mucho y lo expulsa al cielo.
El Don Juan del conocimiento: ningún filósofo ni poeta lo ha descubierto todavía. Es un hombre que no siente amor por las cosas que conoce, pero que tiene ingenio, ganas y gusto por la caza e intrigas del conocimiento -¡hasta subir a las más altas y lejanas estrellas de éste!-, hasta que por fin ya no queda nada que cazar. excepto lo absolutamente doloroso del conocimiento, como le ocurre al bebedor, que a la postre bebe ajenjo y aguardiente. Así que al final el Don Juan del conocimiento se encapricha del infierno - es el último conocimiento que lo seduce.¡Es posible que también el infierno lo decepcione, como toda cosa conocida! ¡Y entonces tendría que permanecer inmóvil por toda la eternidad, sólidamente clavado a la decepción, convertido él mismo en convidado de piedra, y con grandes ganas de una cena del conocimiento, que nunca le sirve! -pues este entero mundo de las cosas no tiene ya ningÚn bocado que ofrecer a ese hambriento.
El gran estilo nace cuando lo bello obtiene la victoria sobre lo enorme.
El hecho de que el amor exija una posesi6n exclusiva lo sitúa a por debajo de la amistad, en esta es posible tener varios buenos amigos, los cuales, a su vez, pueden llegar a hacerse amigos entre si.
El hombre del conocimiento debe no solamente saber amar a sus enemigos, sino también saber odiar a sus amigos.
El hombre es algo que debe ser superado.
El hombre se define como ser que evalúa, como ser que ama por excelencia.
El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa.
El ideal, se seduce a si mismo el seducido, seria amar a la tierra como la ama la luna, y palpar su belleza únicamente con la mirada. Y el no pedir de las cosas más que poder estar tendido ante ellas...
El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.
El matrimonio acaba muchas locuras cortas con una larga estupidez.
El miedo ha favorecido mas el conocimiento general del ser humano que el amor, pues el miedo quiere adivinar quién es el otro, qué es lo que puede, qué es lo que quiere: equivocarse en eso constituiría un peligro y una desventaja. El amor, por el contrario, tiene un secreto impulso a ver en el otro la mayor cantidad posible de cosas bellas o a elevarlo lo mas alto posible: equivocarse a ese respecto seria para el amor un placer y una ventaja, y actúa de ese modo.
El mundo real es mucho más pequeño que el mundo de la imaginación.
El pensador sabe considerar las cosas más sencillas de lo que son.
El profundo respeto a la vejez y a la tradición -el derecho entero se basa en ese doble respeto-, la fe y el prejuicio favorables para con los antepasados y desfavorables para con los venideros son típicos de la moral de los poderosos, y cuando, a la inversa, los hombres de las ideas modernas creen de modo casi instintivo en el progreso y en el futuro y tienen cada vez menos respeto a la vejez, eso delata ya suficientemente la procedencia no aristocrática de esas ideas.
El que busca fácilmente se pierde. Todo aislamiento es culpa.
El que no cree en si mismo miente siempre.
El que yo tenga cariño, y muchas veces demasiado cariño, a la sabiduría, obedece al hecho de que me recuerda a la vida. Tiene ella el mismo mirar, la misma risa ¿ que culpa tengo yo de que las dos se parezcan tanto?.
El remordimiento es como la mordedura de un perro en una piedra: una tontería.
El último cristiano murió en la cruz.
En algunos la castidad es una virtud, en muchos es casi un vicio.
En el amor siempre hay algo de locura, mas en la locura siempre hay algo de razón.
En el dolor hay tanta sabiduría como en el placer, ambas son las dos grandes fuerzas conservadoras de la especie.
En la malicia el arrogante coincide con el débil.
En la mayoría de los casos aun continua siendo eficaz contra el amor el viejo remedio radical: el amor que responde al nuestro.
En la montaña el camino más corto es de cima en cima, pero para eso hay que tener las piernas largas.
En la realidad no ocurre nada que corresponda rigurosamente a la lógica.
En la venganza, como en el amor, la mujer es más bárbara que el hombre.
En los individuos es rara la locura - pero es la regla en los grupos, partidos, pueblos, épocas y por ello los historiadores no han hablado hasta ahora de locura. Pero alguna vez la historia la escribirán los médicos.
En un tiempo el espíritu fue Dios, luego se hizo hombre, y ahora hasta se ha hecho plebe.
Enderezaste tus pasiones hacia tu meta suprema, entonces se convirtieron en tus virtudes.
Es bien sabido que la ciencia y el nacionalismo son cosas que se contradicen, aunque los monederos falsos de la política nieguen ocasionalmente ese saber: pero también llegará ¡por fin! el día en que se comprenderá que sólo para su daño puede ahora toda cultura superior seguir cercada por vallas nacionales.
Es de noche, sólo ahora despiertan todas las canciones de los amantes.
Es preciso aprender a amar y a ser bondadosos, y eso, desde la juventud, si ni la educaci6n ni el azar nos proporcionan ocasión de ejercitar tales sentimientos, nuestra alma se volverá seca e incluso inepta para comprender las delicadas invenciones de las personas amables. También es preciso que el odio sea aprendido y alimentado, si queremos llegar a ser buenos odiadotes. De lo contrario también su germen ira muriendo poco a poco.
Este mundo, eternamente imperfecto, imagen, e imagen imperfecta, de una contradicción eterna.
Estoy demasiado enardecido y abrasado por pensamientos propios, a tal punto que muchas veces me siento sofocado.
Estoy herido de mi felicidad, han de curarme todos los que sufren.
Eternidades tiernas.
Exceso de trabajo, curiosidad y simpatía, nuestros vicios modernos.
Fe: no querer saber la verdad.
Ha llegado la hora de buscar a los perdidos.
Hay almas esclavizadas que agradecen tanto los favores recibidos que se estrangulan con la cuerda de la gratitud.
Hay que dejar de ser bocado en el momento en que se alcanza el pleno sabor, esto lo saben todos los que desean ser amados durante largo tiempo.
Hay que mantener sujeto el corazón, pues cuando se lo suelta no se tarda en perder la cabeza.
Hay siempre un poco de locura en el amor. Más también hay siempre un poco de razón en la locura.
He aprendido a caminar, desde entonces me dejo correr.
La ciencia moderna tiene como meta: el menor dolor posible, la vida más larga posible, es decir, una especie de eterna bienaventuranza, ciertamente muy modesta en comparación con la prometida por las religiones.
La crueldad es a menudo el signo de una insatisfacción interior que anhela un narcótico, y también lo es una cierta desconsideración cruel del pensamiento.
La cultura y el Estado -no nos engañemos sobre esto- son rivales: el Estado de cultura no pasa de ser una idea moderna. Lo uno vive de lo otro, lo uno prospera a costa de lo otro. Todas las épocas grandes de la cultura son épocas de decadencia política: lo que es grande en el sentido de la cultura ha sido apolítico, incluso antipolítico.
La demencia en el individuo es algo raro, en los grupos, en los partidos, en los pueblos, en las épocas, es la regla.


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