Frases célebres de Cesare Pavese

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Frases célebres de Cesare Pavese

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A un padre siempre hay que ayudarlo. Hace falta enseñarle que la vida es difícil. Si después, como es justo, llegás donde él queria, debés convencerlo de que estaba equivocado y que lo hiciste por su bien.
Amor es deseo de conocimiento.
Busca en el hombre pobre las virtudes del rico (exquisitez, sentimientos delicados, sociabilidad, etc.) y en el rico las virtudes del pobre (seriedad, pragmatismo sencillo, bondad laboriosa, etc.).
Cuando somos jóvenes lamentamos no tener una mujer, cuando nos hacemos viejos lamentamos no tener a la mujer.
El amor es la religión a mejor precio.
El amor tiene la virtud de desnudar no a los dos amantes uno frente al otro, sino a cada uno delante de sí.
El arte de vivir es el arte de saber creer en las mentiras.
El dolor es una cosa bestial y feroz, trivial y gratuita, natural como el aire.
En general está por norma dispuesto a sacrificarse quien de otro modo no sabe darle un sentido a su vida.
En la inquietud y en el esfuerzo de escribir, lo que sostiene es la certeza de que en la página queda algo de no dicho.
Los hombres que tienen una tormentosa vida interior y que no buscan desahogo en sus palabras o en sus escritos, son simplemente hombres que no tienen una tormentosa vida interior.
Los problemas que agitan a una generación se extinguen para la generación sucesiva no porque hayan sido resueltos sino porque el interés general los deroga.
Los suicidas son homicidas tímidos.
Nadie nos dijo que veniamos a gozar de esta vida.
Ninguna mujer contrae matrimonio por interés: todas tienen la astucia, antes de casarce con un millonario, de enamorarse de él.
Niños o Adultos nacemos, no nos hacemos. Y ahora consuélate.
No hay cosa más amarga que la aurora de un día en el que nada ocurrirá
No hay venganza más bella que aquella que infringen los otros a tu enemigo. Tiene hasta la virtud de dejarte la parte del generoso.
No recordamos los días: recordamos los instantes
No se desea poseer a una mujer, se desea poseerla nosotros solos.
Todos los afectos más sagrados no son más que una perezosa costumbre.
Uno no se mata por el amor de una mujer. Uno se mata porque un amor, cualquier amor, nos revela nuestra desnudez, nuestra miseria, nuestro desamparo, la nada
Veamos si incluso de esto se puede sacar una lección de técnica.
¡A quien no se salva por sí sólo, nadie lo puede salvar!.
¡La fuerza de la indiferencia! -es la que permitió a las piedras perdurar inmutables durante millones de años.


Frases de la vida